síndrome de la vejiga dolorosa

Síndrome de la vejiga dolorosa: síntomas, causas y tratamiento

Signos y síntomas

Los signos y síntomas del síndrome de la vejiga dolorosa incluyen dolor pélvico prolongado (más de 6 meses), necesidad urgente de orinar y un aumento de la frecuencia urinaria durante el día y la noche.

El dolor e incomodidad ocurren debido al llenado de la vejiga y suelen aliviarse después de eliminar la orina, aunque puede continuar durante y después de la micción. Por su parte, la urgencia urinaria es consecuencia del dolor a causa de la vejiga llena y no implica un riesgo de pérdida de orina.

El paciente puede presentar, además, dolor en la región púbica, espasmos en la vejiga o sangre en la orina. Sin embargo, los síntomas del síndrome de la vejiga dolorosa pueden variar mucho, pudiendo asemejarse a otros padecimientos más comunes, como la infección urinaria.

Recordemos que en una buena parte de los casos de síndrome de vejiga dolorosa los síntomas se agravan tras consumir ciertos alimentos y bebidas.

Mujeres

El dolor pélvico puede ser constante y ocurrir a lo largo del día, pudiendo empeorar durante el periodo menstrual y al tener relaciones sexuales, por lo que se le puede confundir con una enfermedad ginecológica.

Hombres

En los hombres, el dolor puede afectar el puede afectar el pene, los testículos, el escroto y el perineo (región entre el pene y ano). Puede haber dolor, también, durante la eyaculación. Al igual que ocurre en mujeres, estos síntomas pueden ser confundidos con inflamaciones e infecciones de la próstata (prostatitis).

Causas

El síndrome de la vejiga dolorosa es una enfermedad inflamatoria de causa desconocida, que se caracteriza por causar dolor en la región pélvica cuando se llena la vejiga, así como una necesidad constante de orinar.

Una parte importante de quienes sufren de este trastorno son personas que presentan alergias, por lo que es probable que estas tengan que ver con la causa de la enfermedad.

El síndrome de la vejiga dolorosa es una enfermedad que ocurre en el 11% de la población; 90% de las personas afectadas son mujeres.

Por otra parte, esta enfermedad suele estar asociada a otras como la artritis reumatoide, hipotiroidismo, endometriosis, alergias, diabetes, lupus, dolor de cabeza crónico, mal de Parkinson, síndrome del intestino irritable, depresión, fibromialgia, enfermedades autoinmunes, cardiovasculares y gastrointestinales.

Por otra parte, algunos factores genéticos parecen estar involucrados en el desarrollo de esta enfermedad, aunque estos mecanismos aún no se comprenden con precisión.

Si bien el síndrome de la vejiga dolorosa es de causa desconocida, se cree que comienza tras dañarse la mucosa que recubre la vejiga, lesionando el tejido más superficial de esta, conocido como urotelio. La mucosa protege la vejiga contra la acumulación de bacterias, cristales y otras sustancias presentes en la orina que podrían causar infecciones o dolor.

Diagnóstico

No hay un examen o prueba de laboratorio específica para diagnosticar el síndrome de la vejiga dolorosa.

El examen urodinámico puede ayudar a detectar la enfermedad, pero no es específico para el diagnóstico de este síndrome. Otro examen, la citoscopia, permite ver el interior de la vejiga, al igual que la endoscopia permite ver el estómago.

Por otra parte, quienes padecen de este síndrome suelen presentar úlceras y pequeños sangrados en la vejiga. Esto ocurre tanto en personas que presentan síntomas, como en aquellas que no.

La biopsia tampoco es capaz de diagnosticar el síndrome, aunque puede realizarse para descartar otras enfermedades.

Finalmente, está la prueba de potasio, que evalúa la sensibilidad de la vejiga. Los resultados positivos indican una mayor sensibilidad a esta sal, aunque esto no es suficiente para determinar que se trate de síndrome de vejiga dolorosa.

El urólogo es el especialista indicado para diagnosticar y tratar casos de vejiga dolorosa.

Tratamiento

El tratamiento para el síndrome de la vejiga dolorosa incluye diferentes medidas, como el uso de medicamentos, cambios en la alimentación, actividad física y el implante de un pequeño aparato en la vejiga.

Los medicamentos pueden administrarse por vía oral o aplicados en la vejiga. Cuando este tratamiento no da resultados, se recurre a la neuromodulación a través de la estimulación de un nervio localizado en la pierna. Algunos medicamentos, como la heparina y el ácido hialurónico, actúan en la reconstrucción de la mucosa de la vejiga. Otros, como la amitriptilina, pueden ser indicados para aumentar la resistencia al dolor.

La inyección de botox (toxina botulínica) en la vejiga también puede traer buenos resultados en el control y alivio del dolor.

Los síntomas también pueden mejorar con el uso de medicamentos que actúan directamente sobre la inflamación (antiinflamatorios).

Durante el tratamiento del síndrome de la vejiga dolorosa se podrá indicar, además, la realización de actividad física, pues ayuda a liberar sustancias que aumentan la sensación de placer y bienestar y disminuyen el dolor.

También es importante que el paciente identifique los alimentos y bebidas que empeoran los síntomas y los elimine de su dieta, al menos temporalmente. Posteriormente, estos podrán ser reintroducidos poco a poca, dependiendo de la reacción de cada persona.

Dieta

En la gran mayoría de los casos, los síntomas empeoran luego de consumir determinados alimentos, como nueces, soya, huevo, mariscos, pescado y gluten.

Estos alimentos pueden provocar reacciones alérgicas en todo el cuerpo, incluso en la vejiga, provocando dolor e irritación local.

Además de estos alimentos, las personas con síndrome de la vejiga dolorosa deben evitar alimentos muy condimentados, salsas picantes, café y bebidas alcohólicas.

No obstante, es responsabilidad de cada persona identificar aquellos alimentos que empeoran los síntomas y eliminarlos de su dieta por una semana. En caso de haber mejoría, se podrá reintroducir el alimento gradualmente, observando la reacción del cuerpo.

Si bien el síndrome de la vejiga dolorosa o cistitis intersticial no es una enfermedad grave, su tratamiento es complejo.

El urólogo es el especialista responsable del tratamiento de la cistitis intersticial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *